Inclinar la balanza

Si le pusiese en una balanza sabe que los contras ganarían a los pros, pero está obcecada e insiste en buscar guiños que sumen. Así recupera sus pocas muestras cariñosas empatándolas con su brusquedad, valora su profesión y sus planes de futuro por encima de su inexperiencia vital. Acepta sus reglas del juego a cambio de una comodidad impensada, puntúa alto sus besos y olvida su suspenso en la cama. Acepta su independencia y resetea su soberbia. Olvida que le avergüenza reconocer su edad y ensalza su mirada, verde. Se autoengaña y hace fuerza para cambiar el peso y equilibrarlo.

2 comentarios

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2 Respuestas a “Inclinar la balanza

  1. Námaste Heptákis

    “ensalza su mirada, verde”, ¡vaya maravilla!
    Por un momento me trajo a la mente aquello de “sorbiendo el cielo verde” de Rimbaud.

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  2. Si habremos hecho estos balanceos y equilibrios!

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