Archivo mensual: diciembre 2016

Vive y deja vivir

Se prometieron un futuro juntos una noche de fin de año de esas que no suelen alentar nada. Se quisieron como nunca durante dos años, siete semanas y tres días y se odiaron con todas sus fuerzas hasta el otoño. Ella perdió las ganas de querer y él se enamoró de otro alter ego con quien parece que le va bien. Por lo menos hasta que descuelga el teléfono y la llama. Ver su número parpadear en la pantalla sigue siendo un suplicio tras todos estos años. Esta noche ella renovará sus votos consigo misma y se prometerá bloquear su número, no reprimir más lágrimas, viajar a África (¡al fin!), tirar sus cosas y volver a sentir que el esfuerzo vale la pena, apasionarse por algo y perder el miedo a volver a enamorarse. Él intentará que el whatsapp de ‘Bon any!’ sea el último, aunque tras enviarlo no pueda dejar de comprobar si ella le responde y ya planee su respuesta a esa respuesta.

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Empujón

Hoy está nerviosa, sale de nuevo a bailar y no cree que sepa hacerlo; en la tintorería todos la animan. Se separó hace siete años tras muchas noches de gritos, desencuentros y botellas vacías repartidas por el apartamento. Firmaron los papeles del divorcio y no les costó repartir la custodia de los niños. Él desapareció del mapa y ella vivió apagada durante algún tiempo, odiando al género masculino, repudiando el alcohol y peleando cada minuto para tirar su vida adelante. Hace seis meses se le rompieron las gafas y fue ese pequeño cambio el que propició su nuevo aspecto. Cambió por fuera y también por dentro; su tono, sus ganas e incluso sus facciones son ahora más amigables. Siempre hay un momento que te empuja a reaccionar.

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Ni media

Y que todavía te tenga en la cabeza, dando vueltas, perdiéndome en detalles que ya deberían estar sepultados. Maldecirme por haber entrado de nuevo en el bar aquella noche, o por no saber hacerlo mejor. Recordar que tocaste tú mi nuca propiciando el encuentro, que las sonrisas y las anécdotas eran buenas hasta que algo las estropeó. Algo te molestó. Y resituarme en tu piso semanas antes y pensar que no lo entiendo. Volver a mi apartamento para buscar encajar las piezas, tener flashbacks de cosas que no debería haber permitido y entender que todo estaba roto; no eres alegre. Lo mejor es tenerte lejos… muy lejos.

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