Archivo mensual: febrero 2014

La valentía de lo cotidiano

Ayer le pasó algo extraño. Quiso ser como los demás y hacer cosas que se interpretan como normalidad, pero se le fue de las manos. No es fácil ser normal; nunca lo ha sido. La valentía de lo cotidiano. Unas referencias estables. Rutinas impuestas por los vaivenes de la vida que son, al fin y al cabo, el modo de supervivencia. Gentes corrientes sin pretensiones de llegar a ningún otro sitio que no sea el sofá de casa después de cenar. Gentes felices –a su manera. Él también quiere; pero le falta coraje para dejar de buscar lo excepcional.

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Abrazos

Me gustan los abrazos. Esa sensación que se desprende del sentido arropo de unos brazos conocidos. Me gustan desde que tengo uso de razón, y los necesito, más que un beso o una sonrisa. Necesito ese fugaz momento compartido entre los brazos de alguien. Una amiga, un amante, un familiar, un maestro, un compañero de equipo. Cada abrazo tiene su personalidad. Un momento profundo de confianza en el otro, en sus brazos abiertos solapados con los míos. Los hay fuertes y sentidos, efímeros, íntimos, tímidos, alegres, reconfortantes; de buena suerte, obligados, victoriosos, sensuales, felices, de bienvenida y de hasta pronto. Hay abrazos que quisiera que no acabaran, añorados, silenciosos, cálidos y con besos, balanceantes, efusivos. Hay abrazos que lo dicen todo. Recuerdo el último, cargado de cariño, optimismo, felicidad, ternura y energía, fue nuestro y rebobinaría el tiempo para recuperarlo. Tantas palabras calladas en ese ansiado contacto intercambiado.

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La honestidad es tendencia

Las cosas han cambiado. La honestidad es ahora una tendencia, por eso sorprende cuando en la oficina tu jefa se sienta en la mesa con un cruzar de piernas sensual y te dice que si quieres quedarte con el puesto solo tienes que invitarla a cenar. Trago saliva mientras desencajo mi mandíbula y me aflojo la corbata. Necesito esta distracción diaria, estas ocho horas de ordenador absurdas son vitales para poder pagar la hipoteca, el colegio de las niñas, el gimnasio y las vacaciones en Menorca. No puedo imaginarme sin rutina; y es entonces cuando acompaso la respiración y rastreo mi memoria en busca de restaurantes y tips teatrales. Mi respuesta, pudorosa también, ¿te recojo a las nueve?

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