Archivo mensual: marzo 2014

Nadie quiere a nadie

Sigue haciéndose la fuerte aparentando un orden íntimo irreal. Ayer celebró el cumpleaños de su hermano. Hoy desayuna con sus amigas y por la noche ha quedado con su ex. Una vida aplaudida, aunque siempre con las prioridades claras a modo de cohartada para aparcar los sentimientos. Revivir emociones nunca se le ha dado bien, por eso se siente perdida cuando le piden segundas oportunidades y mira cautelosa su tatuaje. Nadie quiere a nadie, un leitmotiv frío y aterrador que la acompaña en la cadera desde los veinticuatro años, cuando la hicieron añicos por tercera vez.

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Solo existe lo que se cuenta

La realidad, sus capas y lo que queremos que se sepa. Todos tenemos una, y la moldeamos en función de las necesidades del momento; y así nos va. Solo existe lo que se cuenta, decía Virginia Woolf. Solo es real aquello que compartimos, porque tener una vida de historias que nadie conoce no sirve de nada. Esconder lo que hacemos y con quien lo hacemos no nos convierte en nadie especial, al contrario, nos mantiene en un punto de egoísmo solitario sin retorno. Estoy intentando abrirme. Dejar entrever alguna de mis capas menos superficiales, que no íntimas, a aquellos que me rodean, aunque no a todos, solo a algunos elegidos con cariño. Y noto que les sorprende a la vez que lo agradecen. Un poco por ver que yo también sufro, un poco por ver que yo también vivo. Les hablo de mis proyectos laborales, de mis aspiraciones vitales, de mis amores frustrados y mis dilemas tatuados. Les cuento que a veces no estoy bien, que mis prioridades empiezan a cambiar, que quiero ser alguien mejor y que tengo miedo. Miedo a perder mi esencia, a fracasar en lo personal y que llegue el día que solo me quede lo profesional. Digo estas cosas, y me avergüenzo, y pienso en esconderme debajo de la cama creyendo que así nadie me puede encontrar.

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Sentir en falso

Planes de futuro. Algún día tenían que llegar, pero contigo no. Pese a la idoneidad aparente, no eres para mí. Simple, obvio, agradable incluso. Sin darme cuenta te aparto, por demasiado complicado, y así me siento mejor. Soy de este tipo de personas, de las que huyen de las complicaciones sentimentales, de las que se ubican en un imaginario dentro de diez o veinte años y pasan el rato sintiendo en falso, y ahí, en ese escenario, no encajamos. El salto de cuatro años es insalvable para mí. Esta es la teoría. Ahora solo tengo que aplicarla, solo tengo que aplicarla, solo tengo que aplicarla…

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