Felicidad obligada

Estamos en esos días de sonrisa perenne, mesas llenas de gente con quien no hablas el resto del año y consumismo impostado. Días que incitan a una falsa felicidad que ella se obliga a seguir, porque no hacerlo sería contraproducente. El día de nochebuena, antes de que lleguen todos, rebusca entre los cajones los dos adornos que tiene y los cuelga en el pomo de la puerta en un simulado espíritu festivo. Ensaya frente al espejo la respuesta a ese ¿dónde está? que sabe que le preguntarán a duo primos, la tía Margarita y hasta su padre. Abre el horno y confía en la receta que dio Arguiñano el martes al mediodía. En el tocadiscos suena Oasis, tararea “and it’s never gonna be the same ‘til the life I knew comes to my house and says ‘hello’” y se dedica un baile antes de que empiece el espectáculo. Llaman al timbre y, como los actores antes de salir a escena, hace un último repaso mental del guion “no es bueno depender de una sola persona”.

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