Sin daños colaterales

Su cara se relaja y sus ojos brillan cuando habla, sin tapujos, de su última conquista. Vive en las afueras de Sevilla, tiene el pelo lila y cinco gatos. Le gusta bailar samba y beber té de menta con hielo. La describe con sensibilidad mientras se acaricia la barba. Le preguntan por su anterior ligue y enseguida defiende a “lila” por encima de todo. Es martes. El fin de semana pone en su punto de mira a otras personas y su fidelidad flaquea. En la conversación del lunes una chica morena de perfil barroco, amante del jazz y de la comida hindú le tiene el corazón robado. Sus ojos brillan cuando lo explica sin darse cuenta de que el patrón se repite. Se enamora y desenamora con destreza y sin daños colaterales. Sus amigos le envidian, él se siente sólo.

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