Un momento mágico el del primer aplauso

El terciopelo granate del telón del auditorio le produce un escalofrío de placer. Camina sobre los tablones de madera con delicadeza, casi de puntillas. Se coloca en la cruz blanca que el director le ha dibujado, cierra los ojos y respira hondo. Son apenas 40 segundos de espera, pero le da tiempo a viajar mentalmente a Bali y relajarse nadando en su playa favorita. Cuando encienden el foco abre los ojos y sigue, con movimientos delicados, la música de Tchaikovsky. Pliés, degagés, échapés, hasta que el foco se apaga. Silencio. Recupera aliento, tiembla. Más silencio. Y por fin un tímido aplauso que crece hasta levantar al público de su asiento. Miedos que se convierten en momentos mágicos, como el del primer aplauso.

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