Nadie quiere a nadie

Sigue haciéndose la fuerte aparentando un orden íntimo irreal. Ayer celebró el cumpleaños de su hermano. Hoy desayuna con sus amigas y por la noche ha quedado con su ex. Una vida aplaudida, aunque siempre con las prioridades claras a modo de coartada para aparcar los sentimientos. Revivir emociones nunca se le ha dado bien, por eso se siente perdida cuando le piden segundas oportunidades y mira cautelosa su tatuaje. Nadie quiere a nadie, un leitmotiv frío y aterrador que la acompaña en la cadera desde los veinticuatro años, cuando la hicieron añicos por tercera vez.

2 comentarios

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2 Respuestas a “Nadie quiere a nadie

  1. Amel Morand

    Disfruto de tus escritos, pero la palabra «cohartada» me hizo un ruido tremendo y después de leerla dejé de atenderlo y sólo podía pensar que estaba allí, mancillando el buen sentido de tu obra. Lo siento, mi TOC con la ortografía me hacen impertinente 🤦

    Me gusta

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