Lecciones de baloncesto

Cuando era pequeña jugaba a baloncesto; estaba claro que no era su deporte, pero los preparativos previos al partido del sábado por la mañana le encantaban, y elegía con cuidado los clips que se ponía en el pelo para sujetar el flequillo, los calcetines y la sudadera. No tenía el sentimiento ganador; no era buena, pero contaba con la simpatía del entrenador que, pese a sus constantes capsulitis en los dedos, cuando no estaba lesionada la dejaba salir unos minutos a la cancha. Eran el equipo de la cola, nunca ganaban y convertían el perder en una fuente de gozo. Con los años ella ha hecho pódium en diferentes disciplinas, aunque ha fracasado en el juego de la vida, y las lecciones de baloncesto son ahora más útiles que nunca.

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Lecciones de baloncesto

  1. A mi tambien me encantaba el baloncesto! Pese a lo mala jugadora que era (y eso que altura no me ha faltado nunca!). Tambien recuerdo esos Sabados de partido, con gran ilusion (cuando menos me ha costado despertarme de toda mi vida). 🙂
    Me he sentido muy identificada con este texto. 🙂

    Saludos!

  2. ¡Qué trasversales pueden llegar a ser ciertas competencias que se adquieren haciendo cosas supuestamente “superfluas”!

    Me ha gustado mucho el texto, y cómo parece que en él es más importante lo que asume o esconde, que lo que se dice.
    ¡Saludos!

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